martes, 23 de noviembre de 2010

Mentiras, dulces mentiras…

Hipócrita…eres una bolsa llena de mentiras, una falsa imagen que gira en torno a un laberinto de reglas escritas por otros que como tu…son una farsa. Te escudas tras esa patética marioneta que has creado, te conformas con existir enclaustrado en una bóveda, mientras un espejismo de tu verdadero ser, se transforma y se adapta… Un ser que suspira en silencio, anhelando encajar en el rompecabezas sin sentido de la sociedad, tu esencia se evapora… la dejas escapar, pobre mendigo, renuncias a tu verdad tan solo por migajas de aceptación. Ocultas tus más tristes recuerdos, tus mejores ideas tan solo son libres en tus pensamientos, a veces te descubres volando fuera de la jaula, y asustado, te encierras a ti mismo en un intento desesperado por alcanzar el efímero sueño de la normalidad…

Giselle no era una persona normal, no conozco a ninguna persona normal, tan solo individuos mintiéndose a si mismos, omitiendo, callando sus verdaderas pretensiones, contando verdades incompletas. El ser humano pierde la cabeza dibujando fronteras, escribiendo normas inútiles…Los limites son sanos…mas quien nos dice cual es el punto exacto donde la libertad termina?, nadie lo sabe… vivimos inmersos en una ilusión donde solo hay dos caminos, o héroe o villano, princesa o bruja, victima o victimario, bueno o malo. Sin entender siquiera que nuestra humanidad reside en la aceptación de nuestra imperfección, si hay un límite, ese límite es el equilibrio entre abrazar nuestras más inimaginables pasiones y nuestro amor por nuestros semejantes…Giselle se encontraba en una encrucijada, y por primera vez en su vida, había aceptado el rol de ser la mala del cuento. Le extasiaba sentirse al filo de un declive, a veces se soñaba sostenida por algo muy delgado, tan delgado y fino como al calentar un vidrio y estirarlo, su sueño se convertía en una pesadilla, se empezaba a sentir cada vez mas pesada y poco a poco el vidrio se estiraba hasta convertirse en un cabello y se rompía. Giselle caía en un abismo y de pronto despertaba.

A veces no podía dormir, mas no era su pecado quien la mantenía despierta, Giselle estaba inquieta por el tumultuoso cúmulo de sensaciones que le producía Daniel, en su mente algo estaba claro, ella no estaba enamorada de Daniel, lo amaba, pero no como amaba a Ángel, ella en realidad quería a Dani como un verdadero amigo, con el podía ser ella misma, no intentaba quedar bien, no se esforzaba por llenar llenar las expectativas de alguien que se empedernía en ponerla en un pedestal.

Ángel era casi perfecto, Giselle era tan solo la luna reflejando la luz del sol, la luna tan amada por algunos, tan menospreciada por otros, tan cambiante y mística, la luna con sus formas femeninas, la luna eclipsada por el sol y su fuerza. Pero, ¿has visto acaso la luna llena? , te hipnotiza envolviéndote en un manto plateado, convirtiendo la noche en un espectáculo, te vuelves adicto a la luna, la vez cambiando constantemente, creciendo y menguando. De repente te hayas a ti mismo perdido en la depresión cuando no la encuentras, la extrañas cuando hay luna nueva. Cada día le damos la bienvenida al sol, apreciamos su tan generosa luz, mas cuando llega la noche con la luna en todo su esplendor, le damos la espalda y dormimos.

Ángel era un ser tan real que todas las personas lo apreciaban, era listo y trabajador, sus pies estaban plantados en la tierra, era objetivo, era en todo sentido, la imagen de lo que se debe ser.

Giselle por el contrario a los ojos críticos de sus semejantes era…un caos total. No terminaba nada, no sobresalía en nada, no era muy inteligente, ni muy bonita y lo cierto era que tampoco era muy sociable. Le costaba trabajo encajar, hubiera sido invisible toda su vida de no haber sido por Ángel, todos la conocían como “La novia de Ángel”, a la gente le asombraba que Ángel se hubiera fijado en ella, como hemos dicho Giselle no era el estereotipo de la mujer despampanante… Mas la belleza es relativa y Ángel había encontrado en Giselle todo lo que su alma carecía. Giselle era inigualable, a simple vista podría pasar como una oruga, y de pronto en la intimidad se convertía en una mariposa, sus alas ofrecían un abanico inmenso, colorido, lleno de posibilidades y caminos distintos.

Giselle era una constante evolución, pocos sabían los divertida que era, lo especial, lo única…Giselle rompía con toda norma. Era la reina de un universo decadente que ella misma había creado, Ángel la amaba, mas no la comprendía y eso hacia que en ocasiones sintiera temor, el hombre le teme a lo desconocido y odia lo que teme. Ángel había vivido rodeado de barreras, se sentía seguro, prefería tener que arriesgar, esto lo hizo esconder a Giselle en una fortaleza, su espíritu libre lo intimidaba, paso a paso en el camino de su relación la fue amoldando, sin intención de dañarla mato su creatividad, la hizo sentir rara, Giselle sucumbió a la idea de que el ser diferente era algo despreciable, y atolondrada, subió a ese pedestal que Ángel diseñó, y dejo de ser, durmió y se enterró a si misma con el deseo de agradar y complacer a su amado. Giselle vivió por mucho tiempo inmóvil en aquel pedestal, hasta que conoció a Daniel…

lunes, 22 de noviembre de 2010

Turbios secretos...

Enamorarse es fácil… tan solo una mirada y de pronto te encuentras sumido en un mundo ficticio donde todo es posible, donde soñar es tan involuntario como parpadear y tan fuerte y constante como los latidos de nuestro corazón. Con un solo beso viene un vacío visceral que a la vez nos hace sentirnos completos y empapados de un sentimiento de satisfacción inigualable…Mucho tiempo había pasado desde que Giselle se había sentido enamorada, todo ahora era tan familiar, después de siete años juntos, había olvidado esa emoción, esa ansiedad que produce la proximidad del ser amado. No tenia ninguna queja, Ángel era su compañero de vida, su mejor amigo y sobretodo un excelente amante. Pero a veces al mirar a otras parejas extrañaba esos nervios que sentía al verlo, extrañaba también el sentir sus mejillas ruborizarse cuando hablaba con el. Ahora se tenían tanta confianza que ni el mas ardiente jugueteo lograba en ella despertar esa sensación de incertidumbre, ahora ya no quedaba mucho por descubrir, y eso la entristecía porque ella en realidad lo amaba, fuerte y profundamente, Ángel era el hombre de su vida…

Aquella mañana fría, Giselle corría por la playa, perseguida por sus propios pensamientos, el cielo nublado y el mar gris ofrecían el escenario perfecto para lamentarse de sus acciones, invadida por la oscuridad de su culpa se detuvo… y se sentó en la arena a llorar. Se sentía avergonzada, traicionada por sus propios instintos, débil, derrotada, y extrañamente emocionada, los recuerdos de aquella noche se aparecían frente a ella intermitentemente asustándola y maravillándola al mismo tiempo. No podía negar el placer que le causaba el sentirse deseada, el llevar consigo aquel peligroso secreto que de saberse pondría en juego la integridad de la relación que mas atesoraba en la vida.

Giselle lloraba de culpa, mas lo irónico era, que no se sentía culpable de lo que había hecho, la culpa venia de su falta de arrepentimiento y del insistente deseo de regresar a aquel departamento… Nadie planea ser infiel, y mucho menos ella, no era una mala persona, simplemente una persona aburrida, y el ocio suele ser el causante de las más grandes tragedias y a veces de las creaciones más fascinantes…

Sentada en la arena Giselle toco su pecho, y sintió el latido de su corazón, también sintió su vientre lleno de emoción, intentaba respirar con normalidad pero estaba demasiado agitada, aun podía sentir la humedad en sus labios, aquel encuentro la había dejado agotada, no sabia porque había corrido por la playa, ansiosa por llegar a casa, aun cuando sabia que nadie la esperaba, Ángel había salido de la ciudad, Giselle sabia que no regresaría hasta en dos semanas, pero aun así sentía la urgencia por llegar a casa, o mas bien la necesidad de alejarse de Daniel , por mucho trabajo que esto le costara… Todo en aquel momento era confusión, Giselle se debatía entre sus deseos y su moral, y de pronto en medio de esa locura, tomo la más arriesgada decisión, se levanto de la arena y camino de vuelta al departamento con la firme decisión de no volver a huir de ella misma. Caminó lentamente recuperando su aliento, hasta que llegó de nuevo al departamento y sonriendo toco a la puerta. Daniel abrió, su cabello oscuro lucia un tanto despeinado y su sonrisa estaba enmarcada por aquella bien cuidada barba de candado, Giselle no pudo apartar su mirada del tatuaje oriental que llevaba en el hombro izquierdo, y sin intensión de resistirse se dejo llevar por el vehemente deseo de continuar con aquel juego en el que no había ni malos ni buenos, tan solo seres anhelando vivir, escapando juntos de la tormentosa idea de tan solo existir. No dijeron palabra alguna, todo fluyo, caminó hacia él empujándolo dentro, con la yema de sus dedos recorrió las líneas de su tatuaje remarcándolo lentamente, siguiendo sus dedos llegaron sus labios y su lengua traviesa comenzó a juguetear, todo se volvió húmedo, tibio…Giselle se sorprendía al descubrir que el prescindir del amor no suprimía el placer, por primera vez en su vida se sentía audaz al decir, osada al hacer… Actuaba libre , sentía, imploraba por mas y era complacida....






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